Por Tomás Figueroa
Ajustador Publico – licencia 3000301781
El aviso público de la Oficina del Comisionado de Seguros (OCS) informa que las enmiendas a la Regla 106 fueron publicadas el 5 de marzo de 2026 buscan “aclarar” requisitos, idoneidad, obligaciones y agilizar el trámite del appraisal.
No obstante, el borrador oficial confirma que la propuesta modifica, entre otros, los artículos sobre definiciones, requisitos para activar el appraisal, alcance, procedimiento, idoneidad del árbitro, efectos del laudo y costas y honorarios.
A continuación un análisis de las enmiendas propuestas por la OCS a la Regla 106:
1) Dónde está el golpe principal para el ajustador público contingente
El corazón del impacto está en cuatro cambios combinados: activación más técnica, plazos más cortos, más carga documental, y sin una compensación regulatoria equivalente en honorarios o sanciones por atraso del asegurador.
La propuesta exige reclamación escrita con hechos, reconocimiento de cubierta, oferta detallada por escrito, identificación de una cantidad monetaria específica, desglose por partidas sin “bulk”, delimitación de los items en controversia, informes mensuales conjuntos a la OCS y cierre administrativo si no se informa progreso o resultado dentro del máximo reglamentario.
Todo eso exige trabajo técnico adelantado, disciplina documental y disponibilidad operacional inmediata.
Un ajustador público por contingencia vive de una lógica simple: adelanta tiempo, conocimiento y costo esperando recuperación al final. Cuando el reglamento te obliga a llegar casi desde el arranque con una reclamación desglosada, cuantificada, defendible por item y lista para pelear matching y causation, el modelo deja de ser “yo entro y desarrollo” y pasa a ser “yo tengo que venir prácticamente armado desde la puerta”.
Eso favorece a quien tenga capital, software, red pericial y capacidad de absorber trabajo hundido. En Puerto Rico, además, la regla vigente ya obliga a cada parte a pagar a su propio tasador y a compartir por mitad los honorarios del árbitro; la propuesta no enmienda ese artículo, por lo que ese costo base sigue vivo.
2) El gap más serio: eliminar la válvula contra la dilación del asegurador
Aquí está uno de los cambios más peligrosos. La Regla 106 vigente permite appraisal no solo cuando el asegurador reconoció cubierta e hizo oferta, sino también cuando no hizo oferta y el Comisionado considere que está dilatando o retrasando indebida e injustificadamente la resolución de la reclamación conforme al Art. 27.162.
La propuesta elimina esa alternativa y deja como requisito que el asegurador haya reconocido cubierta y efectuado una oferta detallada por escrito.
Eso significa, en términos de guerra real, lo siguiente: si el asegurador quiere evitar appraisal, tiene ahora un incentivo más limpio para no llegar a una oferta detallada utilizable, o para patear el can hasta que le convenga. Antes existía una vía regulatoria para argumentar dilación; con la propuesta, esa puerta se estrecha.
Para el ajustador público contingente, eso es veneno operativo porque le puede congelar el caso en la etapa previa al appraisal mientras sigue consumiendo horas no facturadas. Este cambio favorece claramente al asegurador.
3) El nuevo requisito de oferta “detallada” es bueno en teoría, pero trae un doble filo
No todo es anti asegurado. Exigir que el asegurador haga una oferta detallada por escrito sí le da al asegurado una base mejor para identificar dónde está la controversia y atacar partidas concretas. También ayuda a desmontar la práctica de números globales oscuros.
Pero el problema es estratégico: esa misma precisión que se exige al asegurador se exige también al reclamante, porque la propuesta prohíbe presentar items de forma consolidada (“bulk”) y requiere que ambas partes identifiquen específicamente los elementos en controversia.
Eso puede sonar justo, pero en la práctica quien usualmente ya opera con sistemas, plantillas, estimadores y estructura de compliance es la aseguradora o su ecosistema técnico. El ajustador público contingente puede hacerlo, sí, pero le cuesta más y lo obliga a adelantar más trabajo antes de tener seguridad de cobro.
4) La velocidad nueva te aprieta el cuello
La regla vigente da 10 días para identificar el tasador de cada parte; la propuesta baja eso a 5 días. La vigente no le mete el mismo nivel de micro calendario a la reunión inicial; la propuesta exige que los tasadores se reúnan dentro de 5 días desde conocer la identidad del otro y traten de resolver en 10 días, prorrogables sólo por otros 10 por común acuerdo.
Además, cuando la OCS interviene para designar árbitro, la propuesta reduce el término de la OCS de 15 días a 10 días.
Eso es importante porque el ajustador público contingente no compite solo en pericia, compite también en logística. Si maneja varios expedientes, si necesita inspección especializada, si el insured todavía no tiene scope robusto, si hace falta causation support, si el caso requiere “contractor pricing local” o “matching analysis”, cinco días vuelan.
El carrier institucional aguanta mejor esa compresión del calendario. Ese cambio, otra vez, favorece más al asegurador y a firmas técnicas con volumen.
5) El cierre administrativo por falta de informes mensuales es una trampa de cumplimiento
La propuesta exige que las partes informen mensualmente a la OCS el progreso del proceso y dispone que, si no se reciben los informes mensuales o el resultado dentro de 120 días, la OCS entenderá que las partes no interesan continuar y cerrará la solicitud; si el asunto vino por el tribunal, habrá que informarle al tribunal. También exige informes mensuales del árbitro.
Eso se vende como gerencia de caso. Pero jurídicamente tiene un problema: puede convertir un mecanismo sustantivo en una pista con minas administrativas. Si el carrier obstruye, no firma, no coopera o juega a la lentitud, el insured y su ajustador se exponen a perder tracción por incumplimientos “conjuntos” o por inercia procesal que no controlan completamente.
No veo en el texto una protección robusta que diga que la inacción de una parte no se imputará a la otra para fines de cierre. Ese es un gap serio.
6) “Matching” sí, pero más encarrilado y con munición para recorte
La propuesta mantiene matching y lo desarrolla un poco mejor: reconoce reemplazo de parte adyacente para lograr apariencia uniforme dentro de la línea de visión y permite considerar funcionalidad, durabilidad o valor de mercado si existe justificación pericial documentada. Eso te da un lenguaje útil cuando la diferencia estética también impacta valor o integridad.
El problema es que ese mismo texto le regala al carrier tres trincheras: línea de visión, razonablemente alcanzar, y justificación pericial documentada. En otras palabras, no mata matching, pero sí lo encuadra de forma que el reclamante tendrá que probar más fino.
Para el ajustador público contingente, eso se traduce en más dependencia de apoyo técnico documentado y potencialmente en más gasto pericial adelantado. Leve beneficio sustantivo para el asegurado; costo operativo adicional para el PA.
7) El cambio más explosivo: “causation” entra al appraisal
La regla vigente ya permitía que el árbitro atendiera “causation” cuando el evento estaba aceptado en cubierta. La propuesta retiene esa lógica y la fórmula con más claridad, autorizando al árbitro a dirimir si daños particulares fueron causados por el evento cubierto, si eran preexistentes o si obedecen a desgaste/deterioro, para determinar reparaciones o reemplazo.
Eso tiene dos lecturas.
La lectura optimista: te permite llevar a appraisal muchas disputas que el carrier intentaría sacar hacia un pleito largo bajo la etiqueta de wear and tear o preexistencia. Eso puede ayudar al insured.
La lectura realista: mezcla valoración con mini-litigación técnica de causalidad. Cuando appraisal deja de ser solo “cuánto vale” y pasa a ser “qué parte del daño fue causada por qué”, el ajustador público contingente ya no solo necesita estimar; necesita blindar causalidad. Ahí entran ingenieros, arquitectos, consultores de building, meteorología forense, etc.
Eso sube costo, sube riesgo y favorece al que tiene mayor presupuesto para sostener la pelea. Aquí la ventaja práctica también se mueve hacia el asegurador, salvo que el ajustador público tenga una red pericial fuerte y disciplinada.
8) El texto nuevo sobre “ajustador” trae un problema de técnica legislativa/reglamentaria
La propuesta añade a definiciones que “Ajustador” es quien, conforme al Art. 9.050, investiga y negocia reclamos por honorarios, comisión o sueldo a nombre del asegurador o del asegurado, y añade: “Disponiéndose que un ajustador público no podrá ser empleado de un asegurado.”
Aquí hay un problema evidente. El texto estatutario disponible indica que el ajustador público es el ajustador empleado por el reclamante cuyos intereses representa exclusivamente, y la versión legal de 2014 cita como prohibición que el ajustador público no podrá ser empleado de un asegurador, no de un asegurado.
Eso abre dos posibilidades, y ninguna es buena:
Primero, puede ser un error de redacción en la propuesta. Si lo es, refleja falta de pulcritud en un punto definicional sensible. Segundo, si no fuera un error y fuera intencional, generaría una contradicción rara con la definición legal del rol del public adjuster.
Para un ajustador público por contingencia pura, como contratista independiente, quizá no cambie tu modelo principal. Pero sí te puede afectar en litigios laterales sobre cómo estructuraste tu firma, tus empleados, tus “claims managers”, tus asistentes, o la relación contractual con el reclamante. Eso es un flanco innecesario. Este punto hay que atacarlo en comentarios reglamentarios sin piedad.
9) La afirmación oficial de “no impacto fiscal significativo” no aguanta mucho escrutinio
La propuesta certifica que no representa impacto fiscal significativo para la OCS, aseguradores, asegurados, reclamantes o sus representantes, y que los costos administrativos y operacionales son razonables y absorbibles con recursos existentes.
Eso, francamente, es vulnerable. Cuando exiges ofertas detalladas, scope por item, cuantía específica, reuniones rápidas, inspecciones, matching con justificación documentada, posible causation analysis, informes mensuales, y un calendario comprimido, sí hay costo real.
Tal vez no sea costo presupuestario del gobierno, pero sí es costo transaccional y costo de cumplimiento para las partes. Y en el insured side ese costo cae de frente sobre el ajustador público contingente o sobre el reclamante si el PA no lo absorbe. Hay un gap entre la narrativa de “agilización sin costo” y la realidad operativa.
10) La propuesta mejora algunas cosas para el insured, pero no enough
No todo merece fuego. Hay piezas rescatables.
La propuesta obliga a que el laudo o acuerdo venga por escrito y con desglose específico y detallado por partida, y permite laudos parciales sobre items ya resueltos. Además, fija que, una vez firme, el asegurador emita el pago conforme a póliza dentro de 30 días. Eso mejora la trazabilidad y ejecutabilidad práctica del resultado.
También aclara mejor que el proceso se limita a las partidas en controversia y no a las ya acordadas, lo cual reduce ruido y puede ayudar a evitar que el carrier reabra lo ya resuelto.
Pero esas mejoras no compensan del todo los cambios que aumentan el costo de entrada y la capacidad del carrier para usar la técnica procesal como filtro.
11) El tema de costas y honorarios sigue flojo para el lado del insured
La regla vigente dice que, si la parte perdidosa va al tribunal y pierde, el tribunal podrá ordenar reembolso de costas y honorarios de abogado si hubo temeridad. La propuesta cambia la redacción a que la parte prevaleciente podrá solicitar reembolso de costas y desembolsos e imposición de honorarios “que en derecho proceda”, pero no crea una regla fuerte de fee-shifting automático por subvaloración temeraria previa al appraisal ni por obstrucción reglamentaria del carrier dentro del appraisal.
Para el ajustador público contingente esto importa muchísimo: sigues teniendo que financiar la pelea sin una red clara de recuperación de costos. El carrier puede perder valorativamente y aun así haber forzado al insured side a gastar tasador, documentos, inspecciones, tiempo y, en casos complejos, peritos de causation. Otro punto donde la balanza no se mueve a favor del PA contingente.
12) Quién gana y quién pierde
Si me obligas a ponerle nombre al ganador estructural, te diría esto:
Gana más el asegurador institucional que ya tiene oferta desglosada, vendor ecosystem, appraisers frecuentes, counsel, ingeniería y capacidad de compliance rápido.
Gana parcialmente el insured sofisticado que ya viene bien documentado y con ajustador/peritos sólidos, porque el texto reconoce matching, causalidad dentro de evento cubierto, laudos detallados y pago en 30 días una vez firme.
Pierde relativamente el ajustador público contingente pequeño o mediano que depende de tiempo propio, inspección rápida, desarrollo progresivo del expediente y recuperación al final, porque ahora el reglamento le exige invertir más antes, más rápido y bajo riesgo de cierres o tecnicismos.
13) Mi conclusión brutal
La balanza, en conjunto, está más inclinada hacia el asegurador que hacia el ajustador público contingente. No porque el texto diga “protejo al carrier”, sino porque el diseño premia a quien tenga capacidad de respuesta inmediata, estructura técnica, cumplimiento documental y caja para sostener fricción. Eso casi siempre describe mejor al carrier que al insured side.
Los gaps y errores más serios son estos: la eliminación de la vía por dilación del asegurador, el cierre administrativo por falta de informes mensuales sin blindaje claro para la parte diligente, la compresión agresiva de plazos, la ficción de “no impacto fiscal”, y la redacción problemática sobre que el ajustador público no podrá ser empleado de un asegurado.
Publicidad